miércoles, 4 de enero de 2012

Los jardines que Vegueta perdió.

Fueron durante años la delicia para muchos ciudadanos.  La trasera de las viviendas de la Calle Castillo en Vegueta daban a todo un grupo de huertas que discurrían desde las Huertas de Mazagatos, por El Toril,  hasta las postrimerías del antiguo Puente de Verdugo a orillas del cauce del barranco Guiniguada.

Vinculadas a grandes apellidos de la burguesía grancanaria  estas huertas iniciales se reconvirtieron en jardines particulares donde crecieron plantas y árboles de muy diversos orígenes.
En algunos de ellos crecieron plantas traídas desde América o Europa como sucedía en los jardines de Manuel Ponce de León que, además predicaba con el ejemplo al ser en su momento Director de Arbolado y Jardines públicos de la ciudad.
Araucarias, ombues, pachiras, dragos, esbeltas y originarias palmeras canarias se mezclaron con plataneras y tuneras para cría de cochinilla llegando intactos hasta bien avanzado el siglo XIX y casi finales  del XX.
En uno de ellos crece aún una Ceiba espectacular y unos dragos de los cuales ya les hablaré más adelante.
Pero en esta indagación –que  me lleva a rebuscar en la historia de nuestra ciudad- he  recreado ese pasaje desde el actual Paraninfo de la ULPGC y el Obispado, la antigua calle del Progreso hoy calle de Juan de Quesada.
A pesar de estar incluidas todas estas parcelas urbanas dentro del ámbito de protección del casco histórico de Vegueta mientras se catalogaban como protegidas las edificaciones, nuestro PGOU 2001 no les dio el mismo rango de protección a los jardines ni a los árboles históricos – tan solo se recogen como elementos singulares urbanos los  del Parque San Telmo, Plaza de San Bernardo y Alameda de Colón, articulo 20. Plan Especial de Protección Vegueta-Triana-  , siendo abatidos los ejemplares de estos árboles -hijos de la Ilustración en su mayor parte- por iniciativas constructivas de reciente estampa.


















Fundamentos y criterios patrimoniales para salvarlos y no autorizar estos arboricidios en pleno corazón de la vieja ciudad no eran difíciles de encontrar.
Hoy solo queda tratar de divulgar lo que nos queda para evitar que sigan cayendo estos elementos de nuestra infraestructura natural que bien podrían merecer recrearse como jardines para el futuro de la vieja Vegueta.

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